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Sobreexposición a redes sociales estimula el cerebro de forma similar a una adicción

La psicológa Carla Fernández explicó cómo el sistema de recompensa cerebral se ve alterado por el consumo digital y resaltó la importancia de trabajar la tolerancia y la frustración.

Sobreexposición a redes sociales estimula el cerebro de forma similar a una adicción

En una reciente emisión del programa Conatel al Aire, la psicóloga especialista en desarrollo infantil y juvenil, Carla Fernández, advirtió sobre los riesgos de la gratificación inmediata que ofrecen las redes sociales a los adolescentes.

Según la experta, la exposición constante a estímulos placenteros en redes sociales está moldeando la estructura emocional de los jóvenes, dificultando su capacidad para manejar la espera y el fracaso en la vida real.

Fernández detalló que el cerebro cuenta con un sistema de recompensa que se activa ante estímulos placenteros básicos, pero que las redes sociales lo sobreestimulan de forma similar a una adicción.

Ese placer es inmediato y se va desvaneciendo; por eso el joven busca más, esperando repetir esa sensación a través de “me gusta” y comentarios, señaló. Esta dinámica genera una baja tolerancia a la frustración, ya que los menores se acostumbran a obtener todo de forma instantánea, reaccionando con ira o ansiedad cuando se les imponen límites o tiempos de espera.

Además, la especialista destacó que a partir de los 12 años, los adolescentes construyen su identidad basándose en su grupo de pares. Al estar inmersos en plataformas como TikTok, donde solo se muestra el éxito y el reconocimiento, los jóvenes pierden la capacidad de cuestionar los riesgos reales, como la pérdida de privacidad o el acoso digital, debido a que su cerebro aún está en proceso de maduración.

Fernández aseguró que el acceso a la tecnología no debe ser ilimitado, sino un beneficio que se gane tras cumplir con responsabilidades académicas y del hogar, permitiendo que el joven comprenda el valor del esfuerzo y la responsabilidad.

Las redes sociales muestran una realidad alterada a la juventud

Carla Fernández explicó que el deseo de pertenencia, propio de la adolescencia, está siendo capturado por normas culturales digitales que priorizan la apariencia y el reconocimiento social sobre el desarrollo personal sólido.

Los influencers tienen un rol preponderante en ello, pues muestran una realidad distorsionada. Los adolescentes solo ven los alcances y el éxito, pero su cerebro, aún en desarrollo, no les permite cuestionar los riesgos o la veracidad de lo que consumen, precisó Fernández.

El peligro radica en que los niños o jóvenes empiezan a definir lo que está “bien” o “mal” basándose en la aprobación de la sociedad a través de los “me gusta” o en las expectativas de una audiencia en las redes sociales, y esto puede vulnerar la capacidad emocional de los niños y jóvenes para tolerar las críticas o el odio, para lo cual un menor no tiene aún herramientas de gestión, explicó la psicóloga.

Ante esta realidad, Fernández instó a los padres a no actuar desde la restricción absoluta, sino desde la responsabilidad. Sugirió que la educación digital debe ser un proceso de acompañamiento donde el adulto actúe como filtro, ayudando al joven a desarrollar una autocrítica que le permita discernir entre la ficción de las redes y su identidad real.